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Guía Práctica: Cómo ayudar a nuestros hijos a gestionar la frustración

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La frustración es esa mezcla de enfado, tristeza y ansiedad que aparece cuando las cosas no salen como queremos. Aunque es incómoda, no es mala; es una oportunidad de aprendizaje. Tolerar la frustración no es algo con lo que se nace, es una habilidad que se entrena.

¿Cómo identificar la baja tolerancia a la frustración?

Un niño que tiene dificultades para manejar este sentimiento suele mostrar estas señales:
⦁ Exigencia inmediata: Lo quieren todo “aquí y ahora”.
⦁ Dificultad ante el “No”: Les cuesta aceptar límites o reglas.
⦁ Pensamiento radical: Ven las situaciones como “todo o nada”.
⦁ Reacciones intensas: Rabietas frecuentes, llanto descontrolado o abandono de tareas ante el primer error.
⦁ Impulsividad: Actúan sin pensar ante la mínima dificultad.

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Para fomentar la resiliencia, podemos aplicar estas estrategias en el día a día:
⦁ No cedas siempre: Evitarles todo malestar les impide aprender a enfrentar la realidad.
⦁ Sé su modelo: Si tú mantienes la calma ante un imprevisto (como un atasco), ellos aprenderán a hacer lo mismo.
⦁ Fomenta su autonomía: Deja que intenten resolver retos solos antes de intervenir.
⦁ Permite el error: Equivocarse es parte del proceso. No les quites la oportunidad de aprender de sus fallos.
⦁ No refuerces las rabietas: Si cedes ante un berrinche, les enseñas que el enfado es la llave para conseguir lo que quieren.
⦁ Pon nombre a la emoción: Ayúdales a identificar qué sienten: “Entiendo que estés enfadado porque no ganaste”.
⦁ Deseos vs. Necesidades: Enséñales que no todo lo que “quieren” es algo que “necesitan” urgentemente.
⦁ Convierte el fallo en lección: Pregunta: “¿Qué podemos hacer diferente la próxima vez?”.
⦁ Enseña a pedir ayuda: Que lo intenten primero y, si no pueden, que aprendan a pedir apoyo de forma adecuada.
⦁ Técnicas de relajación: Practiquen juntos respiraciones profundas o contar hasta diez cuando suba la temperatura emocional.
⦁ Refuerza el esfuerzo, no solo el resultado: Valora lo mucho que lo intentaron, aunque no lo lograran.

La “Técnica de la Tortuga” (Para los más pequeños)

Ideal para niños de entre 4 y 7 años, esta técnica ayuda al autocontrol mediante la imaginación:
⦁ El Cuento: Se les explica que, como las tortugas, pueden meterse en su “caparazón” cuando sientan que van a explotar.
⦁ La Acción: El niño pega la barbilla al pecho, cierra los ojos y cuenta hasta 10 mientras se mantiene quieto.
⦁ La Calma: Al salir de su “caparazón”, la tensión habrá disminuido y podrán pensar en una solución.
¿Por qué es importante? Un niño que tolera la frustración será un adulto más paciente, empático, con mejor autoestima y capaz de resolver problemas con creatividad.


M. Schneider y expertos en psicología infantil.

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